Editorial

Tenemos la esperanza de que en este nuevo ciclo que comienza la Comunidad Católica San José, haya un poco más de acercamiento hacia el Señor a través de la oración, que es un don de la gracia y una respuesta decidida de nuestra parte. Ya somos algunos los miembros de la Comunidad que hemos hecho el Taller de Oración y Vida del padre Ignacio Larrañaga. Esto debería darle un mayor empuje hacia la oración a la Comunidad para que ésta no sea sólo un punto de encuentro para “copuchar” o de la creencia de que al organizar y hacer una fiesta se está participando del Reino de Dios. Estamos conscientes de que la oración es una lucha diaria, y no contra el que nos cae mal, o contra el que quisiéramos nos cayese bien. NO, es una lucha contra nosotros mismos y contra las astucias de las que nos tienta el que hace todo lo posible por separarnos de la oración, de la unión con Dios y de los Santos. Se dice por ahí “que se ora como se vive, porque se vive como se ora”, que en otras palabras significa que el que no quiere actuar según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá orar en su Nombre. Es por eso, que el “combate espiritual” de la vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la oración.

En el combate de la oración tenemos que hacer frente en nosotros mismos y en torno a nosotros, a conceptos erróneos sobre la oración. Unos ven en ella una simple operación psicológica, otros un esfuerzo de concentración para llegar a un vacío mental. Otros la reducen a actitudes y palabras rituales y los más osados toman la oración como un trueque: a tal beneficio, tal oración, a ningún cambio, la estampa o el santo para la pared. En el inconsciente de muchos cristianos, se ve mucho en las comunidades cristianas también, orar es una ocupación incompatible con todo lo que tenemos que hacer: NO TENEMOS TIEMPO. Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración, pero se desalientan rápidamente porque ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y no solamente de ellos mismos. Por eso, es muy importante, lo que manifiesta el padre Larrañaga: nuestra media ora con el Señor debe ser sagrada, ya que pronto, si no nos educamos en la responsabilidad de tener aquella media hora, todo lo que habríamos comenzado a conocer de Dios por la oración, se derrumbaría. Esa es nuestra lucha.

Por último, en este combate hay que hacer frente a lo que se siente como “fracasos” en la oración: desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos totalmente al Señor, porque tenemos “muchos bienes” (Mc. 10, 22), decepción por no ser escuchados según nuestra propia voluntad, herida de nuestro orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores, alergia a la gratuidad de la oración. La conclusión es siempre la misma: ¿Para qué orar?. Es necesario luchar con humildad, confianza y perseverancia si queremos vencer estos obstáculos.

 Nuestra Comunidad tiene un representante en el consejo parroquial, esperemos, antes que termine su representatividad, que podamos trabajar en algún proyecto con la parroquia y las demás comunidades o ¿tendremos que conformarnos con esperar hasta junio próximo, en que la parroquia está de aniversario, y les pida a las distintas comunidades que participen de aquella actividad? Y si a nuestra comunidad le gusta tanto juntar dinero, ¿por qué no se embarca en algún proyecto para solventar los gastos que está originando la reparación y mantenimiento de la Iglesia San Pablo? Sin oración es poco lo que se avanza. 

La Iglesia Católica lo manifiesta a través del Catecismo de la Iglesia, la Virgen María, nuestra Madre, los Santos, el Papa, nos están pidiendo que oremos y oremos.

Para los que pertenecemos a una comunidad cristiana, el único centro es Jesús, pero para conocer a Jesús, debemos orar. Para que nuestra Comunidad tenga una verdadera conversión, cada uno de nosotros debe decidirse por un cambio de vida; cada uno de nosotros debe trabajar más por nuestra Iglesia, no con palabras y pensamientos, sino con el ejemplo y la dedicación. Así nuestras vidas serán un alegre testimonio de Jesús. No podemos decir que ya nos hemos convertido, porque en nuestras vidas la conversión es un proceso diario. Para comprender esto debemos orar, y no sólo orar en forma personal, sino que en forma comunitaria, ya que ahí Jesús nos mostrará el camino a seguir para nuestra comunidad y en qué tenemos que cambiar. Debemos tener una reconciliación entre los miembros de la comunidad, para que Jesús nos vuelva a mostrar el camino a seguir.

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